Dinámica de ecosistemas
La introducción de nuevos elementos, ya sea abióticos o bióticos, puede tener efectos disruptivos.
En algunos casos puede llevar al colapso y a la muerte de muchas especies
dentro del ecosistema.
Sin embargo en algunos casos los ecosistemas tienen
la capacidad de recuperarse. La diferencia entre un colapso y una lenta
recuperación depende de dos factores: la toxicidad del elemento introducido y
la capacidad de recuperación del ecosistema original.
Los ecosistemas están gobernados principalmente por
eventos estocásticos
(azar), las reacciones que estos eventos ocasionan en los materiales inertes y
las respuestas de los organismos a las condiciones que los rodean. Así, un
ecosistema es el resultado de la suma de las respuestas individuales de los
organismos a estímulos recibidos de los elementos en el ambiente. La presencia
o ausencia de poblaciones simplemente depende del éxito reproductivo y de
dispersión; los niveles de las poblaciones fluctúan en respuesta a eventos
estocásticos. Si el número de especies de un ecosistema es más alto, el número
de estímulos también es más alto. Desde el principio de la vida, los organismos
han sobrevivido a continuos cambios por medio de la selección natural.
Gracias a la selección natural las especies del planeta se han ido adaptando
continuamente a los cambios por medio de variaciones en su composición
biológica y distribución.
Se puede demostrar matemáticamente que los números
mayores de diferentes factores interactivos tienden a amortiguar las
fluctuaciones en cada uno de los factores individuales. Dada la gran diversidad
de organismos en la Tierra, la mayoría de los ecosistemas cambia muy
gradualmente y a medida que unas especies desaparecen van surgiendo o entrando
otras. Localmente las sub-poblaciones se extinguen continuamente siendo
reemplazada más tarde por la dispersión de otras sub-poblaciones.